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lunes, 20 de abril de 2009

La diabetes y Sexualidad

La disfunción eréctil y la falta de lubricación en las mujeres son síntomas causados por la diabetes.

Dr. Eduardo Ruiz Munguía
Especialista en Sexología
en Costa Rica
del Instituto Mexicano de Sexología, Imesex.

Cuando se habla disfunción sexual, la mirada de todos se dirige al hombre. Sin embargo, la diabetes puede provocar que las mujeres tengan problemas de lubricación y falta de apetito o deseo sexual. Por su parte, los hombres diabéticos tienen mayor riesgo de padecer disfunción eréctil.

La diabetes es una condición en las personas que aumenta los niveles de azúcar en la sangre, ya sea porque no producen insulina (llamada como tipo 1) o porque la insulina que producen es insuficiente (tipo2).

En la diabetes tipo 1, el paciente es insulina dependiente, enfermedad que da sus primeras manifestaciones en la juventud, principalmente cuando se es menor de 19 años.

Con la diabetes tipo 2, el cuadro sintomático no es tan aparatoso, usualmente el paciente ya lleva tiempo con síntomas y problemas, pero no se necesariamente se ha dado cuenta. Entre los síntomas están: sed, constante ganas de orinar, aumento del apetito, entre otros más. En casos más severos, como cuando la persona cae en coma, es el resultado de años de descuido.

Los pacientes que tienen otras complicaciones además de la diabetes y utilizan medicamentos contra la hipertensión eventualmente pueden presentar algún grado de disfunción eréctil producto del medicamento. Con solo manejar de manera distinta los medicamentos, la persona vuelve a recuperar su vida sexual.

Las personas que no han sido diagnosticados a tiempo pueden verse afectados por el daño vascular que produce la diabetes. Esto quiere decir que los nervios alrededor de los órganos genitales se pueden ver afectados por una disminución en la sensibilidad del clítoris o del pene. Por ende, el paciente puede presentar una disminución en la respuesta sexual debido a la falta de vascularización, irrigación sanguínea del Monte de Venus o del pene, produciendo problemas de erección lo cual afecta por igual a las mujeres y a los hombres, ya que ambos experimentan en la respuesta sexual, la vasocongestión o erección en clítoris o pene.

Si bien, la disfunción eréctil en el varón son manifestaciones, algunos diabéticos no tienen ningún problema de disfunción sexual, pero es cierto que la persona por solo el hecho de ser diabética, tiene un riesgo más alto de padecer de disfunción eréctil, y por eso la prevención, o bien, el control es muy importante.

La recomendación para la persona diabética es mantener bajo límites muy estrictos el control de la diabetes, tomarse un espacio para consultar los sentimientos en torno a su condición y disfrute de su sexualidad.

En ocasiones podría la persona diabética dar por hecho que un diagnostico como este afecta su vida sexual, sin embaro, podria ser que la persona no quiera mantener una vida sexual activa y el diagnostico le da una excusa para negar su vivencia, desde esta posibilidad tendría que explorarse si antes del diagnostico, ya existía una apatía sexual, mas que la enfermedad sea el efecto.

Cualquier diagnóstico que afecta la salud física, representa para quien lo padece y sus allegados, una situación dolorosa, que requiere de una serie de respuestas apropiadas para saber como convivir con el padecimiento. Inicialmente puede haber un sentido de negación por parte las personas queridas y de quién la padece. Eso tiene la dificultad de recurrir a los servicios de salud y seguir las recomendaciones delos profesionales, por otro lado puede vivirse con mucho temor, angustia y estrés, sin posibilitar el aprender a convivir con posibles limitaciones que pueda implicar.
Surgen una serie de preocupaciones respecto a los cuidados diarios, los efectos secundarios de los medicamentos, pero principalmente a cómo realizar un cambio en los hábitos alimenticios, y la victoria diaria, tres veces al día de evitar un antojo. Toda persona tiene el derecho de recibir información, permitirse una segunda opinión, la cual el personal de medicina tiene el deber de brindarla, incluyendo resultados de exámenes y expedientes médicos.
La recomendación para la persona diabética es mantener bajo límites muy estrictos el control de la diabetes, tomarse un espacio para consultar los sentimientos en torno a su condición y disfrutar de su sexualidad.

El tratamiento

Contrario a lo que ocurría años atrás, la disfunción eréctil de los diabéticos si es corregible. Sin embargo por los motivos antes expuestos, su tratamiento toma un poco más de esfuerzo que en pacientes no diabéticos. Cualquier diabético que lea estas líneas sabrá que tomarse una medicamento para “tratar de funcionar esta noche” no le habrá producido mayor efecto y puede haber quedado con la sensación de que “ya no tengo remedio”. Pero es que el tratamiento es diferente.

Primero hay que ser especialmente estricto respecto al problema metabólico del diabético, y se debe llevar su nivel de glicemia en ayunas por debajo de 100 y la glicemia posprandial (después de los alimentos) por debajo de 140. Las hemoglobinas glicosiladas deben estar por debajo de 6. Esto se logra con medicamentos como la pioglitazona, la metformina, la roxiglitazona y las estatinas cuyas dosis deben ser ajustadas por su médico. Hasta no obtener un buen resultado con esto, la respuesta a otros medicamentos siempre va a ser insuficiente. Posteriormente se agregan medicamentos como tadalafilo de acción prolongada pero que deben ser tomados en una dosis fija diaria o tres veces por semana independientemente de la frecuencia de relaciones sexuales de la persona. Esto facilita una recuperación de la circulación en los genitales, una mejoría en la respuesta eréctil que va mejorando con los meses de uso y una mejoría en su circulación general que además traerá beneficios a su estado cardiovascular.

La corrección de las disfunciones femeninas como la recuperación de la lubricación va a depender de un adecuado abordaje preventivo con medidas como las ya expuestas para evitar el deterioro de los nervios que llevan la sensibilidad a sus genitales. También depende de un adecuado control en los cambios hormonales; así como de tratar los efectos emocionales adversos que la vivencia y las actitudes ante las disfunciones producen tanto en él como en ella. En ambos casos, para hombres y mujeres, es indiscutible el beneficio de atender en pareja las situaciones que se vayan generado a partir de las disfunciones, brindando un espacio para los pensamientos negativos o de frustración o las ansiedades que surgen por situaciones en las cuales la expectativa de uno u otro se pudiera ver afectada.

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